NOTA DEL EDITOR: Este texto es obtenido de una carta trimestral de Draco Global SICAV.

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Habréis escuchado infinidad de veces lo “caras” que están empresas como las FAANG (Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google), o otras empresas donde su gasto de investigación y desarrollo (R+D), marketing o publicidad (A&M) representan un porcentaje relevante de su cifra de facturación. Si nos alejamos por un momento de la rigidez contable, entenderemos que no todos los gastos son realmente gastos, por tanto, algunos de ellos deberían de tratarse como una inversión.

¿Qué es gasto y que es inversión?

Los gastos operativos son gastos que, en teoría, proporcionan beneficios solo para el período actual y no crean activos en balance. Un buen ejemplo sería el gasto en mano de obra utilizado durante el período actual o la compra de materia prima para fabricación de producto terminado.

Los gastos de capital (capex) son gastos que se espera que generen beneficios durante varios períodos; por ejemplo, el coste de comprar terrenos y edificios sería un gasto de capital. Según esta definición, las inversiones en terrenos, plantas y equipos a largo plazo son inversiones de capital, pero también lo son a veces la investigación y el desarrollo, el marketing o la publicidad. Los gastos de capital se amortizan durante la vida útil de la inversión y crean activos en el balance de situación.

Uno de los inversores que ha insistido más en este debate, es Aswath Damodaran, el cual propone tratar alguno de estos gastos como inversión, sobre todo cuando queremos realizar una valoración fundamental.

¿Existen diferencias entre normativa contable en Europa y en Estados Unidos?

En Estados Unidos y antes de 1975, se permitía a las empresas capitalizar los gastos de I+D. Posteriormente, y consecuencia de que muchos productos creados no terminaban de ser rentables y generaban beneficios inciertos; se optó por imputar como gasto todo aquello relacionado con el I+D, marketing y publicidad. IFRS también obliga a tratar como gasto el I+D, pero a diferencia de Estados Unidos, permite capitalizar los gastos de desarrollo (aquellos con mayor certeza de rentabilidad futura). Además, existe un incentivo fiscal (R&D tax incentive) para que las empresas inviertan en I+D, es decir, una deducción sobre la tasa efectiva del 43,5% para empresas con ventas anuales inferiores a 20M EUR y del 38,5% para el resto.

En resumen, si queremos activar un gasto en balance, deberemos crear un activo intangible, amortizarlo según su vida útil, ajustar la tasa efectiva al alza para neutralizar la deducción fiscal existente y cuando calculemos ratios tipo ROIC o ROCE deberemos incrementar el denominador con el valor económico o “research asset” del activo que en definitiva es mayor capital invertido.

¿Y cómo afecta este tratamiento contable a las valoraciones fundamentales?

Muchos inversores únicamente se fijan en las grandes métricas fundamentales tipo PER o Valor Empresa sobre EBITDA, sin tener en cuenta los matices de cada compañía o sector. Es indispensable conocer bien el modelo de negocio de una compañía y la posible existencia de ventajas competitivas antes de entrar en su valoración fundamental.

Vamos ahora con algunos ejemplos de compañías que tenemos en cartera donde hemos considerado oportuno capitalizar parte de algún gasto como inversión.

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